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Lo inesperado

Hay acontecimientos que te empujan a escribir. Después de mucho tiempo sin abrir este blog, sin ni siquiera molestarme en retomarlo, ocurre algo y ¡zas! aquí estoy dejando atrás el cansancio de meses de trabajo, de reuniones maratonianas y de soñar con un descanso que por ahora no va a llegar. Recorro en tren la distancia entre Madrid y Valencia donde estaré en un encuentro de secretarios de Gobiernos Generales de congregaciones religiosas y mientras no sé a qué velocidad me acerco a la capital del Turia no dejo de pensar en la noticia que, como a todos los malawianos, me sorprendió hace tres días al escuchar que el avión en el que viajaba el vicepresidente del país, Saulos Chilima, junto con ocho personas más, había desaparecido en la inmediaciones de Mzuzu, al norte del país, al no poder aterrizar por falta de visibilidad en esa ciudad. Después, tras la sorpresa, vendría la rabia y la confusión al conocerse que todos los pasajeros habían fallecido tras estrellarse el avión. Chilima a...

Arriba

Probablemente Rodrigo Cuevas y yo, de entrada, no tengamos nada en común, como si uno estuviera en el polo norte y otro en el sur, pero quizás por eso y porque los polos opuestos se atraen, haya cosas que nos unan. Desde luego el estilo de vida no puede ser más diferente y el modo de enfrentar esa vida también, pero me cae bien Rodrigo, valoro su trabajo, lejos muy lejos de lo que yo hago, y su empeño por recuperar y dar a conocer el folclore asturiano. La primera vez que caí en cuenta de la trayectoria de Rodrigo Cuevas o que me interesé más por él fue al escuchar a Andrea Levy, militante del PP, mencionarlo. Fue en pleno confinamiento, en un programa on line donde distintos políticos, cada uno en su casa, hablaban de su día a día, qué leían, veían, escuchaban. No recuerdo a todos los que participaban, sí que estaba Iñigo Errejón y Gabriel Rufián. Al ser preguntada por los cantantes que escuchaba contestó, entre otros, el asturiano Rodrigo Cuevas.  Conocía de Rodrigo Cuevas Ritmo ...

Alerta

Domingo 3 de septiembre, 2:30 de la tarde, mi happy hou r, ese momento donde conecto con Morfeo via televisión. Y cuando me dejo caer en un cabeceo suave y reparador un pitido, ¡perdón, uno no, varios! de acuerdo a los móviles que hubiera, me arrancó, sin ninguna consideración, de semejante momento. Mi reacción fue como si a las dos de la mañana suena el despertador y ni sabes dónde está ni cómo apagarlo. Pues eso, apesar de tener el teléfono a mi lado y en vibración,  no entendía que fuera él quien emitiera ese ruido. No quiero pensar lo que pudo suponer en espacios donde hubiese mucha gente. Hasta que reconoces de dónde viene y te das cuenta que si no lees lo que aparece en pantalla, en español e inglés, no deja de sonar como si Pearl Harbor, parafraseando a Angel Martín y su informativo del día siguiente, volviera a ser atacado, pasan un par de segundos de desconcierto. Dejando un lado lo jocoso que me ha salido este primer párrafo defiendo y valoro la iniciativa de esa alarma p...

Disfrutar

Llevo unos días de descanso en mi tierra, en Asturias, y a parte del clima, que aunque caluroso no se puede comparar con el que hay en otros lugares, disfruto del entorno, del verde, del frescor, del orbayu  y de alguna visita a lugares que no conocía y me sorprenden, espacios que siempre han estado ahí y que por cercanos no llegué a prestarles atencion. Por ejemplo, hace unos cuantos meses cuando estaba fuera de España leía Salvo mi corazón todo está bien  del escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, nombrado no hace mucho en los medios de comunicación por encontrarse en un restaurante en la ciudad ucraniana de Kramatorsk cuando fue bombardeado por el ejército ruso. En el ataque morían once personas entre ellas la escritora ucraniana Victoria Amelina con quien cenaba Abad. Pues bien, en ese libro mencionaba que el primer corazón pintado en la historia está en la cueva del Pindal, en la localidad de Pimiango, concejo de Ribadedeva. Fue comentarlo y ya estaba organizada una ...

Espíritu del lugar

Leía estos días una entrevista a un sacerdote jesuita donde hablaba sobre la magia que muchos lugares tienen, y son importantes, bien sea por algo alegre de recordar o por todo lo contrario. En este caso, Robert R. Marsh, SJ, hablaba del sitio donde tuvo lugar la batalla entre el ejército norteamericano y la tribu Nez Pence en su huida a Canadá. Contaba que allí había una atmósfera de tensión y tristeza y mencionaba cómo los lugares se convierten en sagrados, y también, todo hay que decirlo, en horribles. Me gustó la idea. Siempre hemos tenido lugares que, con solo pensar en ellos o mencionarlos nos evocan algo. Años, muchos años atrás, estuve de acampada por la braña de La Pornacal, en el concejo de Somiedo, en Asturias. De esto, ya digo, hace un porrón de años, es más, creo que ahora acampar está prohibido, pero tampoco lo aseguro. Por razones que no vienen al caso, esa noche no pude dormir y la pasé sentada fuera de la tienda contemplando el entorno, acompañada por una luna llena qu...

Bachateando

Hace un par de años una amiga sevillana que compartía con nosotras un año como voluntaria en nuestra misión de Malawi entró en mi oficina y me encontró trabajando y escuchando bachatas. Sorprendida y muerta de risa me amenazó con hacer saber que yo, no sólo escuchaba sino hasta cantaba ese ritmo caribeño. Ante semejante “amenaza” le respondí que podía decir,  incluso que publicara, que hasta las bailaba en la soledad de mi habitación. No, no bailo bachatas, y de eso puede dar fe mi gente hondureña que intentaron enseñarme y creo, estoy segura, lo dejaron por imposible, pero disfruto con la música bachatera, con esas canciones trágicas de amor y desamor, de confidencias y traición. La vida es pura bachata. Se lo decía a alguien hace unos días. Me contaba las dificultades que tenía, cuánto le costaba aceptar a la gente con la que vivía, lo difícil que se le hacía entender las ideas, las opiniones de los otros… Escuché, intenté animar, hacer caer en la cuenta de que a todos nos cuesta...

Identificarme

Hace un par de días, mientras iba conduciendo, escuché a un periodista en una conocida emisora de radio hablar de una niña inglesa que se identificaba con un gato. La verdad, pensé que era una broma, que no era cierto, y que lo mencionaba o inventaba la historia para hablar de los problemas de adaptación que sufren muchos niños o los que tienen con sus compañeros al no ser aceptados tal y como son. La curiosidad mata y cuando tuve tiempo busqué en las redes la noticia y ¡oh sorpresa! es totalmente cierta. Lo primero es que escucho esto y pienso en el gato de mi casa: caprichoso, egoísta, a su aire siempre y mimoso hasta aburrir. O pienso en aquel perro con el que compartí muchos años: leal, incontrolable cuando jugábamos y pesado hasta decir basta cuando se ponía a ladrar. Me quedo con estas imágenes, lo de pensar en alguien actuando como uno de ellos no me encaja, no sólo eso, es que me da dolor de cabeza y nauseas.  No sé qué está pasando, yo creo que, no es que hayamos perdido e...