Alerta

Domingo 3 de septiembre, 2:30 de la tarde, mi happy hour, ese momento donde conecto con Morfeo via televisión. Y cuando me dejo caer en un cabeceo suave y reparador un pitido, ¡perdón, uno no, varios! de acuerdo a los móviles que hubiera, me arrancó, sin ninguna consideración, de semejante momento. Mi reacción fue como si a las dos de la mañana suena el despertador y ni sabes dónde está ni cómo apagarlo. Pues eso, apesar de tener el teléfono a mi lado y en vibración,  no entendía que fuera él quien emitiera ese ruido. No quiero pensar lo que pudo suponer en espacios donde hubiese mucha gente. Hasta que reconoces de dónde viene y te das cuenta que si no lees lo que aparece en pantalla, en español e inglés, no deja de sonar como si Pearl Harbor, parafraseando a Angel Martín y su informativo del día siguiente, volviera a ser atacado, pasan un par de segundos de desconcierto.
Dejando un lado lo jocoso que me ha salido este primer párrafo defiendo y valoro la iniciativa de esa alarma para advertir a quienes estábamos en Madrid de la llegada de una DANA con lluvias por encima de los 100 mm. Creo que avisar a la población nos hace ser más responsables de nuestro entorno y nos conciencia en el modo de ayudar en estas situaciones de emergencia. Los resultados del paso de esa DANA ya los conocemos, lo peor, lo que hay que lamentar, son las pérdidas humanas, lo demás, con tristeza, con desesperación, se recupera, pero el que se va ya no vuelve.
Me consta que personas que tenían que viajar aplazaron el viaje. Sé que en algunas zonas se prepararon para pasar esas horas. No sé si se hubiese actuado de igual modo sin recibir la alarma. 
En enero de 2021 recibimos la visita de Filomena, la tormenta de nieve que dejó incomunicada la comunidad de Madrid, el centro del país y el este. No hubo alarma, no faltaron noticias anunciando el fenómeno, pero como que nunca llegábamos a creerlo del todo. Y llegó y fue duro vivir esa semana en Madrid poco acostumbrados como estamos a las bajas temperaturas, a las calles intransitables por el hielo y a las caídas.
La alarma es real, está ahí en tu teléfono, te asusta, te sobresalta, pero te mueve a tomar precauciones, a ser solidaria, a colaborar. Te informa de algo que va a suceder, te involucra en un episodio que te toca vivir y del que no sabes cómo vas a salir.
Me contaban que en Estados Unidos son normales estas alarmas para alertar a la población de huracanes, tornados o tormentas por decir algo. 
Yo, lo dicho, si tengo que vivir una situación de emergencia, espero que no, quiero que me avisen. Eso sí, digo lo mismo que José Luis Martínez Almeida, alcalde de Madrid, si puede ser, que afinen un poco mejor con la hora.

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