Duelo migratorio

Asistiendo a un acto sobre la situación que vive Venezuela, un sacerdote Jesuita venezolano, residente en España pero a punto de volver a su país hablaba del duelo migratorio. Tengo que reconocer que era la primera vez que escuchaba esta expresión pero sobre todo que oía a alguien compartir lo que significa tanto para la persona que deja su propio país como para la persona que se queda en él y añora a quien se ha ido. Tras la conferencia buceé en Internet para indagar sobre este término y me sorprendí al encontrar mucho escrito sobre este sentimiento de ausencia y perdida.
Por duelo migratorio se entiende todas las pérdidas asociadas a la experiencia migratoria y esas pérdidas van relacionadas con la lengua, la cultura, la familia, los amigos, la situación social, buena o mala, que se tenía en el país de origen y que se pierde al salir fuera del entorno donde se ha vivido hasta ese momento.
Dejar lo propio, salir de donde siempre se ha estado y exponerse a lo desconocido, a lo diferente, crea inseguridad, miedo a enfrentar culturas, sociedades distintas, angustia por no saber si las cosas irán bien o mal. Y para quienes se quedan y ven a su gente partir late en ellos el miedo a no volver a verlos más, a que les ocurra algo en la distancia.
Es complicado hablar de duelo migratorio porque toca lo emocional, los sentimientos que se arraigan en lo hondo de la persona. Cuando se está fuera, cuando se vive lejos, se asumen las distancias físicas pero cuesta aceptar que pasen cosas que te afectan y no puedas estar presente.
Las primeras navidades que pasé en Malawi allá por el año 1997 en lugar de turrón comimos helado para marcar unas fechas tan especiales. Sin teléfono ni modo de comunicarme con España, la noche del 31 de diciembre, conecté Radio Nacional de España y me harté de llorar escuchando los saludos que gente desde un lugar y otro del mundo enviaban a familia y amigos. Años más tarde una emisora de radio contactó conmigo para que desde Malawi felicitara la Navidad pero pedí que no llamaran a mi madre para ponerse al otro lado del teléfono porque sería demasiado para ella.
En el año 2003 fallecía mi padre de un infarto mientras yo estaba en Malawi. Pudieron comunicármelo gracias a un teléfono satélite que había en la misión. No pude asistir al entierro y me tocó vivir la experiencia de pérdida en la distancia intentando asumir la noticia de su muerte no el echo de su partida, ese me costó más. Meses después regresé a España y viví una situación personal insólita: esperaba que mi padre apareciera en cualquier momento. No había interiorizado su pérdida, no había visto su ataúd, suponía que podía aparecer en cualquier momento. Tan sólo cuando fui al cementerio y vi su nombre escrito en una lápida asumí de verdad que era allí donde estaba y no en otro sitio.
No me cuesta imaginar los sentimientos de dolor, de impotencia, de soledad que se llega a sentir. En mi caso mis ausencias de España se debieron a una vocación, a un modo de vida elegido por mí.
Pienso en tantas personas, miles, millones forzadas a salir de sus países, a irse buscando otro futuro, huyendo de situaciones limites. ¡Ellos y sus familias si saben lo que significa duelo migratorio!

Comentarios

Entradas populares de este blog

Guerra

Coraje

Solito